CÉSAR ROLLÁN SÁNCHEZ, fundador y director de Eclesalia Informativo MADRID.
ECLESALIA, 08/04/05.- En tiempos de Jesús, en su religión, había un grupo de personas que se sabían queridas por Dios, bendecidas, porque cumplían con unas características que las hacían merecedoras de tal condición. Aquellos que no eran mujeres, que estaban libres de enfermedades, que no eran analfabetos y por tanto desconocedores de la ley, que habían llegado a la edad adulta, que no eran extranjeros de Israel, que tenían una posición económica y que no eran pecadores se consideraban "buenos judíos" y el resto no era digno de Dios.
Se establecía una especie de círculo amurallado en el que hombres adultos y sanos, conocedores y cumplidores de la ley, israelitas y de buena posición eran los que determinaban las formas y modos de acercarse y vivir en Yahvé.
Jesús rompe radicalmente las “fronteras” del amor de Dios incorporando a las mujeres a su grupo de seguidores, dando salud a los enfermos, hablando en parábolas para que todos y todas le entendieran, dejando acercarse a los pequeños, tratando con publicanos y prostitutas, anunciando a los pobres y extranjeros la buena noticia del reino de Dios.
La Iglesia de Jesús es asamblea de igualdad y unidad en la diversidad, esta es la Tradición de Jesús, su evangelio: Dios es para cada persona con sus peculiaridades concretas, su historia personal, su forma de ser, Dios quiere a cada uno, a cada una, tal como es y le ofrece la oportunidad de hacer de su vida reino de Dios.
¿Es esa la Iglesia de Jesús hoy?
Hoy parece que sigue existiendo un grupo de personas bendecidas por Dios porque cumplen con unas características que las hacen merecedoras de tal condición: aquellas que aceptan dejar fuera del "altar" a las mujeres, que no nacieron con una sexualidad “desviada”, que no han cambiado de estado de vida de forma “improcedente”, que cumplen el derecho canónico al pie de la letra, que se conforman con el pensamiento único teológico, que practican la caridad y olvidan la justicia social… y, por lo que estamos viendo estos días, parece que son muchas.
Los medios de comunicación nos han contado la pasión y muerte de Juan Pablo II, su funeral y la masiva afluencia de gentes a Roma. Parece que la Iglesia se siente fuerte, unida, conforme con su forma de ser en este comienzo del siglo XXI.
Conozco gentes que se viven fuera del centro amurallado de los “buenos cristianos” y que en estos días, sintiendo la muerte de Karol Wojtyla, no pueden reconocer la suma perfección del sumo pontificado finalizado, por haber sido expulsados de las “bondades” del centro, recriminados por su forma coherente de pensar y de vivir, cristianos echados de la Iglesia de Jesús.
¿Qué nos queda?
Nos queda volver a Jesús, romper barreras, aceptar desde el amor, dialogar, abrir puertas y ventanas, volver a la Tradición de Jesús, seguir apostando por una Iglesia al aire del Espíritu renovada y renovadora, con sabor a pueblo, Dios al fondo y Cristo en medio, nunca excluyente y siempre fraterna.
Feliz Pascua.
Paz y bien.
deja de vivir del cuento, menudo morro ponerse a criticar al papa, cuando te dejas llevar por tu bragueta. Lamentable!
La libertad es el derecho a hacer lo que no perjudique a los demás"
(Lacordaire) Los intrusos en esta Bita, sería de agradecer que en su ateísmo no entraran para faltar el respeto, lease el significado de la libertad.